viernes, 17 de septiembre de 2010

SOMOS LO QUE COMPRAMOS

Ordenando mi habitación, se me ocurrió ver qué cosillas de interés había por los cajones. Seguro que todos, haciendo lo que yo, os habéis encontrado infinidad de cosas que jamás pensabais que estaban ahí. Agendas de otros años con dedicatorias de tus coleguillas del insti, cartas de antiguos noviet@s que decían lo mucho que os querían, entradas de algún concierto, algún objeto pequeñito que os daba suerte para los exámenes, una pulsera que buscabais y nunca apareció y resulta que todos esos años andaba por ahí entre clips y chinchetas...En fin un sinnúmero de objetos.



Lo que más gracia me hizo fue encontrar unos cuadernos en los que apuntaba cosas, en especial uno que me llevé a Francia durante mi año Erasmus. Había de todo: horario y precio de los transportes, cosas que debía llevarme, recetas de cocina y muchas cosas más. Fue curioso encontrarme con alguna lista de la compra que solía llevar al supermercado y que casualmente no variaba mucho, pues recuerdo que llegó el día en el que hacía la compra automáticamente, deslizándome de un pasillo a otro cuan patinadora profesional y sabiendo cuánto me costaría todo al final de mi aventura. Además, para menos complicación y digo menos porque es la meta de todo estudiante, Erasmus o no, hacer la compra en un tiempo récord sin embrollarse en este tipo de cosas, encontré distintos menús que detallaban qué comería cada semana. Sí señores, toda una súper mujer en tierras extranjeras. Y es que la verdad, lo que ocurre la mayoría de veces que vas a un país extranjero es que o llevas cuidadito con lo que comes o te conviertes en una bolita de carne (excepto para algunos privilegiados con un metabolismo de oro).
Obviamente no soy la única persona del mundo que se lleva una lista al supermercado a la hora de hacer la compra. Indagando por Internet descubrí que hasta hay gente que se dedica a coleccionarlas ¿Interesante verdad? Se trata de un libro llamado "Milk Eggs Vodka: Grocery Lists Lost and Found", cuyo autor es Bill Keaggy, coleccionista de estas peculiares hojas así como de sillas abandonadas y papeles encontrados dentro de libros antiguos.
Son notas anónimas que han sido encontradas en el suelo de supermercados, carritos de la compra, aparcamientos y demás sitios. Estas listas demuestran el tipo de persona que se puede ser por la clase de comida que se compra. Encontramos listas de todo tipo: divertidas, tristes, organizadas, llenas de garabatos y tachones, listas con dibujos, sucias, limpias, arrugadas, etc. Pero eso no es todo, además el autor incluye un comentario aportando una deliciosa receta creada a partir de estos ingredientes.
En fin, para terminar diré que nunca nos vamos a la cama sin haber aprendido algo nuevo. No vamos a ser más cultos ni mejores personas sabiendo esto, pero a lo mejor sí damos más importancia a pequeñas cosas que parecen insignificantes pero que para otras personas son una auténtica fuente de inspiración. Y es que según decía  Confuncio cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla.

¡¡¡Dulces, dulces, dulces!!!
La comida orgánica está de moda


Que no se te olvide pasar después del trabajo
¿Por qué duda tanto?¿no le llegará el presupuesto?¿el helado engorda? Vete a saber...
  



3 comentarios:

  1. Denoto un talento especial en la forma de redactar y expresarte. Sin duda se nota que detrás de ti hay varios premios y publicaciones.

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  2. Aaaaaaaaaaaaay!!! qué identificada me he sentido (para mal) con lo de la bolita de carne!!
    Por cierto, me uno al comentario de Julio ;)

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  3. Si señor, yo me uno también!!
    La verdad que nunca pensé que de una lista de la compra se pudiera llegar al análisis de la personalidad de alguien...el hombre que escribió este libro me recerda mucho al personaje masculino de Amelie, que se dedicaba a coleccionar las fotos que la gente olvidaba o desechaba en los fotomatones.

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